
A
principios de marzo nos despertábamos con la noticia de que la joven actriz
Jang Ja-yeon había sido encontrada sin vida en su apartamento, desde entonces mucho ha llovido y lo que parecía un suicidio por depresión se ha convertido en una trama de sexo y corrupción que puede terminar destapando un secreto a voces en la industria del entretenimiento: no es oro todo lo que reluce.
El mismo día del funeral se dio a conocer que la actriz había dejado a su familia unos documentos que probaban que había sido obligada a ejercer de acompañante de hombres que podían influir en su carrera, llegando a mantener relaciones sexuales con algunos de ellos bajo amenazas. Parece que uno de estos “señores” le tiró una botella a la cabeza al negarse a complacer sus deseos.
El pasado domingo un grupo de la policía llevó a cabo una redada en la sede de la agencia
Entertaining Venue, de la cual formaba parte
Jang Ja-yeon, bajo la sospecha de que el edificio se usaba como punto de encuentro entre hombres con poder y chicas del mundo del espectáculo. Se descubrió que la planta baja se había reconvertido en un bar y que en la tercera planta había una habitación con baño.
Los medios coreanos especulan sobre la posibilidad de que el caso de
Jang Ja-yeon no sea aislado y se trate de una práctica habitual, lo que podría explicar el alto número de suicidios en el mundo del espectáculo coreano.